Más que solo gusto, aroma o color. Nuestro café representa trabajo justo y sustentable, y un trato solidario y digno hacia la naturaleza

Desde las cinco de la mañana, Víctor, con 60 años, revisa, una por una, las delicadas matas de café; las cuida como si de sus hijos se tratara, calcula el tiempo que falta para la cosecha y remueve el suelo, lo cubre con hojas y cáscaras de banano. Zoila lava el café en una gran tina plástica. Con sus dedos acostumbrados a la humedad, recoge el café que flota y lo separa del rojizo grupo de cerezas. El ritual de su día a día tiene tiempo milenario. Cerca de allí, el joven Manuel agita su brazo en la despulpadora y observa los jugosos granos desprenderse del brillante color rubí. Su madre, en la planta de procesamiento, selecciona los granos que serán tostados; sus dedos artesanos se mueven con habilidad heredada a lo largo de los años.

El café es comercializado a través de AACRRI, que compra el grano a los productores a un precio justo fijado por los mismos campesinos en asambleas comunitarias. Ningún compañero recibe un pago injusto por su trabajo y ningún compañero obtiene beneficio extra sin motivo.

Sabor, dignidad y justicia. Nuestro café es producto del trabajo de muchas manos y corazones que han depositado su cariño y su detallado esfuerzo en cada uno de los procesos de la producción.  Valorar una taza de café es valorar la entrega y los sueños de cada campesino y cada familia. Beber nuestro café es llenarse de amor y de orgullo por apoyar el trabajo ecológico y  la economía sustentable de la Zona de Intag donde ninguna planta ni ningún trabajador es tratado injustamente.

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